LAS NIÑAS JARRAPAS DE ANDREA ABREU
La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las
pupilas. Poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario, y aunque los
mosquitos vuelen tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos
arcángeles.
Oliverio Girondo
La inocencia salvaje de Shit e Isora
Un par de
amigas, dos niñas de diez años. Yo soñaba con curarle la tristeza a
Isora, quería ser su perro y ella mi santa con heridas en las rodillas. Fisquitos
de verano con brumasera entre chupos y lisas, las faldas de un
volcán, pueblito de interior, entrevisto el mar al fondo. De cuando la
amistad, el amor y el hambre -o esa lengua que escribe como habla: cuerpo que
sangra, muta y canta- son una trinidad de salamandras únicas latiendo por los
muros. Preadolescencia y mundo, montaraces. La premisa es sencilla, casi
anodina, pero rebosa un decantado lirismo, en fondo y forma, resonante.
La historia
la cuenta Shit rendida al magnetismo de Isora, a quien prácticamente
idolatra, brújula de este diario de emancipación infantil, emocional, un
simulacro de oralidad sin solución de continuidad entre la narración, la
descripción y el diálogo. Flujo, corriente de aire, narratividad punta. La
vida en pendiente, como el pueblo, empinado. Entrevisto el mar al fondo como
una aspiración de clase, anhelan bajar a la playa, estrenar biquini; pero
nunca llega. O cómo llega. Un cielo gris coágulo de algo, telúrico,
amenaza la nuca del paisaje como espada de Damocles. Opresión, tristeza,
incertidumbre. Sangüis de jamón y queso, beibiborns con huequito pa la pipi
y telenovelas. Adultos al sur, playa y hoteles, trabajando.
Deambulan entretanto las niñas jarrapas entre abuelas deslenguadas, canarismos, males de ojo y perros satos ¡juite, perro, juite! por las veredas de un verano del 2000 entre el mésinye del centro cívico y los pokemon, las brujas, trastornos alimentarios, lo escatológico y la sexualidad como fisiología cruda del desarrollo, desinhibidas, pero también infiltradas de culpas y miedos, violencias, dietas, rezados… onomatopeyas latiendo como mirlos bajo tierra. Los afectos. Una historia desde lo liminal, del lenguaje al cuerpo, lo identitario. Caras b del verano azul de postal turística de los isleños. Un cuento con entidad, intenso, de los sentidos.
Andrea Abreu,
periodista y poeta tinerfeña, ya había publicado un fanzine y un poemario
[Primavera
que sangra, ed. Demipage, 2017; Mujer
sin párpados, Versátiles editorial, 2017] antes de debutar
narrativamente con esta novela en 2020,
‘Panza de burro’, un éxito inesperado editado por la narradora Sabina
Urraca dentro de la curiosa editorial
Barret, y sus estimulantes
propuestas.

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